Misión

Apoyar a los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta en su visión de ordenamiento ancestral es por supuesto ayudar a proteger su territorio, es dar vida a su cultura, pero también es crear oportunidades para el intercambio de ideas contrarias entre dos formas de aprehender el mundo, el suyo y el nuestro. Su visión del mundo y de las cosas ofrece respuestas diferentes a las nuestras. Para ellos no hay separación entre el hombre y la naturaleza, desconocen la idea misma de naturaleza que marcaría una distinción, una separación. Consideran que forman parte de un todo complejo en el cual todos los componentes, grandes o pequeños, visibles o invisibles, interactúan constantemente entre sí. Para ellos, el territorio es como una persona y el orden del cuerpo humano se lee como reflejo y conexión con el orden del territorio.

Se sienten responsables del equilibrio y la armonía de la tierra, de la vida. Un equilibrio que viene del macrocosmos, la tierra, el universo, al microcosmos, el hombre. Su conocimiento, enriquecido durante cientos de años, tiene un solo objetivo: preservar este equilibrio y ayudar a los hombres a encontrar su camino. Mantener este equilibrio “natural”, fruto de una fuerte relación entre el hombre y lo que llamamos naturaleza, da como resultado un “orden” social, político y sobre todo interno de cada ser humano. No es un orden basado en una ideología impuesta desde el exterior, sino un equilibrio “interno” basado en una visión del mundo compartida por todos los miembros de la comunidad. Mientras permanezca el vínculo entre el hombre y la naturaleza, la responsabilidad permanecerá; mientras la responsabilidad colectiva permanezca, los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta: Kággaba (Koguis), Iku (Arhuacos), Wiwa y Kankuamo, podrán seguir siendo indígenas, no como un fin en sí mismo, sino como una elección, porque en su cultura, su supervivencia depende del equilibrio del mundo. Para ellos, esta es una lucha contra su desaparición y contra la desaparición del mundo. Es el significado que dan a su existencia lo que diferencia a estos pueblos y su asombrosa durabilidad frente a nuestras sociedades occidentales.

Nuestra historia

Hacia el año 1995, diez años después de ese primer encuentro y luego de múltiples preguntas, Eric Julien regresa a la SNSM para cumplir su promesa y apoyar a las comunidades indígenas en sus estrategias para la recuperación y el ordenamiento del territorio desde la visión ancestral, como agradecimiento por haberle salvado la vida. En dos ocasiones trata de acceder de manera solitaria a los poblados indígenas arhuacos del sector sur de la Sierra, sin embargo, no logra establecer relaciones de confianza, ni encontrar respuesta al cómo ayudar a estas comunidades. Ante esta negativa, años más tarde, busca asesoría de diferentes personas de la región que le facilitan los primeros acercamientos y encuentros con las comunidades kággaba de San José, Maruamake y Chendukua localizadas en la cuenca del rio Guatapurí y cuyo centro de gobierno tradicional es Maruamake.  

Luego de varias reuniones en estas comunidades y con sus autoridades tradicionales, se llega a un primer acuerdo: apoyar la consecución de una tierra. Se inicia aquí el camino de lo que es la Fundación Tchendukua,  en el cual la recuperación del territorio es una acción que no se puede tomar a la ligera teniendo en cuenta la visión de ordenamiento ancestral de los pueblos indígenas, en la cual, la tierra tiene un significado vital, la tierra, la naturaleza y los hombres forman un todo vivo y homogéneo cuyos componentes están en permanente interacción. Desde esta visión el territorio no se reduce a un simple espacio geofísico e inanimado, es un todo complejo donde el equilibrio debe mantenerse en todo momento.

 Todo proyecto requiere una estructura capaz de dar vida a las ideas. Se inicia así lo que es la Association Tchendukua Ici et Ailleurs (TIA- Francia), la cual toma su nombre de uno de los pueblos de la SNSM (Sierra Nevada de Santa Marta) donde se forman los mamas y las sagas, – quienes son los hombres y las mujeres que poseen la capacidad espiritual de acceder de manera directa a los principios de la Madre y son los guías espirituales del pueblo kággaba. Tchendukua es por tanto un punto de partida y un punto de entrada. Según los mamas este nombre significa en kággaba “lugar donde converge el pensamiento”

Tchendukua Ici et Ailleurs (TIA) nace en Francia en el año 1997 como una Asociación sin ánimo de lucro, con el fin de apoyar el ordenamiento territorial ancestral.

En el año 2005 se crea la Fundación Tchendukua Aquí y Allá – TAA en Colombia, – como extensión de las acciones de Tchendukua Francia – . La Fundación Tchendukua Aquí y Allá (TAA), es una institución de carácter privado en Colombia, sin ánimo de lucro y cuyo objetivo primordial es “propiciar la conservación del medioambiente natural y el mejoramiento de la vida de las comunidades indígenas enmarcado dentro del respeto a su cultura”